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  • Es por supuesto en La raz n populista

    2019-04-29

    Es, por supuesto, en La razón populista y en textos sucesivos donde se desarrolla la teoría política del populismo en toda su complejidad pitavastatin partir de una serie de rupturas que constituyeron el posmarxismo de Laclau. Como el propio autor insinuaba en la obra de 1987, en esta teoría del populismo se conjugan tres preocupaciones centrales. Primero, cómo puede pensarse la constitución del orden social en una perspectiva posfundacional, segundo, cómo se concibe la dinámica de las luchas políticas en el campo democrático y tercero, cómo se constituyen las identidades políticas. Estas tres instancias pueden formularse, por un lado, a partir de la distinción bastante frecuente en la teoría política contemporánea entre lo político y la política, en la que se reserva el primer término para referir a una lógica de producción del orden social (una función instituyente, aunque también destituyente) y el segundo como un campo o sistema encargado de gestionar el orden (como un ámbito instruido). Por otro lado, se advierte el interrogante por la constitución de identidades políticas, agentes o actores que disputan tanto la orientación de un proceso histórico como su conformación. Los tres problemas están abordados en la obra y dan lugar a potencias y equívocos. El populismo como categoría para pensar la conformación ontoló- gica de lo social ubica al populismo como un concepto de lo político. El argumento estipula que en tanto se “acusa” al populismo como algo vago e indeterminado y mera retórica, y que la misma estructura de lo social tiene esas características, entonces “el populismo es la vía real para comprender algo relativo a la constitución ontológica de lo político como tal”. Asimismo, lo político tiene una función instituyente y “el populismo es, simplemente, un modo de construir lo político”, entonces el populismo predica sobre la ontología de lo social. El problema, como veremos, es que este lugar de categoría privilegiada para pensar la siempre precaria institución discursiva del orden social le correspondía en textos anteriores a hegemonía. En un segundo sentido, populismo ya no es una categoría de lo político sino de la política, es más “no existe ninguna intervención política que no sea hasta cierto punto populista”. Ahora bien, la posibilidad de pensar el populismo como “un ingrediente necesario de la política tout court” nos remite a Langerhans' cells la definición del populismo como una intervención que dicotomiza el campo social entre un nosotros (el pueblo) y un ellos (el poder) produciendo dos espacios sintagmáticos enfrentados. En un tercer sentido, Laclau ubica el populismo como una lógica de construcción de los sujetos políticos, específicamente el sujeto pueblo. En las primeras líneas de La razón populista se identifica esta preocupación como vertebral. Como una gramática de las identidades políticas, el populismo parte de concebir una pluralidad de situaciones de demandas insatisfechas en las sociedades contemporáneas. Estas demandas constituyen las “unidades mínimas de análisis” del populismo que se constituirá como la lógica de articulación de estas demandas democráticas en un proceso de constitución de un discurso y una subjetividad popular. En este camino, múltiples demandas que son por definición heterogéneas ingresan en un terreno de “equivalencia” en tanto comparten el ser negadas por el sistema. La producción de un significante vacío que las aglutine (puede ser el nombre del líder), la investidura afectiva del significante (que es funcional al proceso de interpelación) y la elaboración de una frontera antagónica son, entonces, parte de la gramática populista. Esta lógica populista es la que produce un sujeto antes inexistente: el pueblo, cuyo estatus particular le permite, por un lado, ser la plebs (los de abajo, lo plebeyo) y por otro lado, reivindicarse como populus, es decir la totalidad. En “\"Por qué construir un pueblo es la tarea de la política radical?”, Laclau profundiza una tensión en su teoría en el marco de la respuesta a Slavoj zžek. Por un lado, la formalidad de la lógica populista, en principio, impide predicar sus alcances en cuanto a la democracia (tanto en un sentido poliárquico como pluralista o en cuanto a la expansión de derechos y garantías). Por otro, el autor afirma que existe en el populismo la condición de una democracia en tanto produce un “pueblo” (un demos) sin el cual la democracia sólo se reduce a una administración institucional de la sociedad (lo que sería equivalente a la aniquilación de la política). Es evidente aquí que se cruzan dos de las dimensiones que procuramos distinguir: el populismo como la lógica que interviene en la producción del sujeto político (el pueblo) y las características del orden político constituido. Esta tensión reaparecerá en los debates posteriores.